Ormai. A punto que tratabas de llegar al mar y encontraste una plaza pequeña (fea) que te atrajo por sus dos pirámides grises, grafiteadas.. absurdas. Basta sacar una foto del lugar para ser descubierta como sujeto débil. Un loco, el loco de todas tus pesadillas, te sigue tan de cerca que oyes su silbido en tu oído, ves su mano bajo su cintura, corres en sentido contrario, esperando encontrar alguno, sigues corriendo hasta llegar a corso italia, sola. Hoy no hubo mar, sólo quedarán los restos que piano piano sanarán. Te han dicho que no camines por calles lejanas, ésta no es una ciudad segura; estamos tan al sur, que el peligro emerge aunque sólo sean las quince con un cuarto.
Este mar es de una grandeza entre cactus y azul cerúleo exótico, rodeado por piedra volcánica, que no se antoja para paz y tranquilidad, sino para reflejo de una ciudad en eterno rompe olas; empujando fuertemente cultura contra pesos tamaño Berlusconi.
Brava que has encontrado esta isla surrealista y abandonada, con motocicletas en las banquetas y ninguno en el marchiapiedi... sólo muchos, muchos carros estacionados en doble y triple fila; por qué no?, aquí todos convivimos en un piccolo spazio senza importanza, el de córrele que te alcanzo!.
Tu caminata diaria al trabajo es una mezcla siempre irónica. Vas por corso Italia viendo precios excesivos, bares bonitos, tipos bien vestidos, mujeres en moto… caminas dos calles abajo y te encuentras entre abuelas, kioscos viejos, uno que otro extraño que te ve fijamente y muchos perros. Te acercas al duomo y tienes la visión de turista sorprendida, no por su grandeza, sino porque has encontrado una belleza diversa, oscura.. arabesca.
Autobuses que nunca se paran, motocicletas en sentido contrario, carros que te pitan después de que pasas, son parte de este escenario que te abraza y te invita la cena, nuevamente. Paradiso es un caos diverso.
ç
No hay comentarios:
Publicar un comentario